Poesia a Sant Cugat 2004


 

 
 

Inici  | Programa d'actes |   Poetes  |   Enllaços  |   Contacte  |   Crèdits  

 
 
   





 
         
 
         

Neus Aguado
(Córdoba, República Argentina, 1972)

 
         
   


  Llibres de poesia

- Paseo présbita (1982)
- Blanco adamar (1987)
- Ginebra en bruma rosa (1989)
- Aldebarán (2000)
- Entre leones (2002) 


 

Selecció de poemes

Blanca hodura en tu voz

que espera ser abierta como una granada, en dos,
blanca hondura en tu voz
como un vino muy dulce para la liberación

silencio para acallar mi brusquedad, blanco silencio
para la hondura de tu voz que habla entre sueños
despertar de cordero entre mis brazos
blanda y blanca la hondura manifiesta del decir y del callar,
la expectativa por abrir en dos
como dos nalgas finísimas, como las valvas que conservan el secreto de los tiempos:
lo más oscuro y limpio

 
 
Sabiduría

Unigénita de múltiples virtudes,
he recorrido la casa patriarcal,
la casa donde los eruditos
no tienen ni un momento de sosiego.
Habías traspasado la puerta esmerilada,
la del espíritu en armonía:
otra casa te acoge, en otra reinas,
Y es hacia allí adonde encamino el paso.
 
          *****
Como un efebo tiembla
mi gata oracular,
Y no descifro
-a pesar de contener el designio del mundo-
si es un presagio adverso
o la confirmación
de que más allá de los deseos por cumplir
está el azar temblando entre mis brazos.
 
          *****
Normalmente es la combinación de lo triste con lo perverso
lo que nos convierte en seres vulnerables,
los que es capaz de triturar aquella alegría animal
que aún palpitaba en las noches pasadas a la intemperie.

          *****

El mensajero de las siete llaves,
el que nunca recuerdo ni sé cómo se llama,
me dijo los secretos de tu vientre y tu cama.
si niegas lo que amas el amor reverdece,
si amas lo que niegas el amor te enloquece.
Busqué el libro que tus manos habían sostenido,
el de la miniatura de Jean Fouquet en la cubierta:
«Dios une a Adán y Eva» en un jardín cercado
con ángeles, animales y la fuente, estrellas y palomas,
y pensé ¿habrá un ángel, un solo ángel clandestino
dispuesto a sostener el manto del creador en el jardín
de nuestros amores cercados donde hay agua y cielo
y un paisaje invertido como el de los antípodas
y un incansable deseo de desaparecer del cuadro?
 
 

La flor azul

Cómo saber si es todo tan callado,
cómo adivinar que más allá de mi mano hay un espejo
que refleja un sinfín de rosas mustias,
cómo saber si es todo tan oscuro,
cómo saber si es todo tan incierto
y escribo al buen tuntún como si fuera la primera vez
y amo a ciegas como todas las veces
y no se me ocurre nada que no sea un vulgar simulacro
de una vida que no me pertenece, de un tiempo que desconozco,
de un deseo anclado en cada instante, sin lastre y tan fugaz
a pesar del ancla, a pesar del plancton, a pesar de los muertos.
Cómo saber entre esta estela de codicias, entre este absurdo
que se empecina en matarnos cada día y en dejarnos sin flores y sin vida.
Cómo saber si por fin he encontrado al flor azul de lo imposible.
Cómo saber que no tiemblo para el mundo, que no miento para el mundo.
Cómo saber que he llegado al límite de mis limitaciones
y ya nada puede detenerme.
Cómo explicar que incluso todo esto ha dejado de importarme,
que muy posiblemente nunca me importó, porque estaba demasiado absorta
intentando explicar lo que ahora sé:
esa incipiente flor azul que crecía en el fondo de tus ojos yo misma la he segado.

          *****

Y siempre, en el momento más inesperado
oyes aquel timbre de voz perdido en tu memoria
y vuelves a no respirar, y recuerdas las voces
que desde el nacimiento te han acompañado, las más queridas,
y vuelves a preguntarte si esta vez sí
si esta vez será la voz que desde siempre has estado esperando
y tu propia voz tiembla
y pocas veces puedes gritar, pues te pasa como en las pesadillas,
no te sale la voz, sólo un hilo de voz y el gesto de la mano implorando
implorando un deseo extraño de acercamiento y rechazo
y la voz vuelve y tú vuelves a vestirla de ojos verdes,
de ojos azules, de ojos violetas, de ojos negros, de ojos de miel,
y pides, como si creyeras: que esta vez sí sea la voz de mis ojos.

 
 
 
 
 
 
 

 © Marc Masdeu  2004